ANA
“Tienes un nombre de trigal maduro, de sol desparramado y cielo intensamente azul (azul cielo, porque tu nombre está en el blanco dorado de la espiga); hay en él un verano aferrado a sus raíces, que trepa con la savia vigorosa para salirse fuera. Y en medio del paisaje circular, sin horizonte casi, un viento a ratos juguetón, a ratos lánguido, que se detiene sobre la consonante única y recupera su prisa en las vocales. No hay sombras. Una completa serenidad terrena vigila, quietamente, la curva prolongada del sol, que no quiere alejarse de tu nombre. Ana suena a bondad, a campana de iglesia, a caricia segura. Así lo oigo, así lo veo, cuando lo puedo separar de ti”.
R.V (fragmento)
“Tienes un nombre de trigal maduro, de sol desparramado y cielo intensamente azul (azul cielo, porque tu nombre está en el blanco dorado de la espiga); hay en él un verano aferrado a sus raíces, que trepa con la savia vigorosa para salirse fuera. Y en medio del paisaje circular, sin horizonte casi, un viento a ratos juguetón, a ratos lánguido, que se detiene sobre la consonante única y recupera su prisa en las vocales. No hay sombras. Una completa serenidad terrena vigila, quietamente, la curva prolongada del sol, que no quiere alejarse de tu nombre. Ana suena a bondad, a campana de iglesia, a caricia segura. Así lo oigo, así lo veo, cuando lo puedo separar de ti”.
R.V (fragmento)
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